—Un poco. —Chase rio—. Pero si es por ti, voy a entrenar más duro.
La risa de Josh resonó, ligera y pura, y le llenó el pecho de una calidez que casi dolía. Nunca se habría atrevido a soñar con un día en que Althea y Josh entraran así en su vida. Y sin embargo, se sentía tan natural, como si siempre hubieran estado destinados a estar juntos.
Momentos después apareció Althea con una taza de café humeante en una mano y un platito de bocadillos para Josh en la otra. Dejó el café frente a Chase y ar