Josh se volvió hacia él sin dudarlo, con esos ojos azul océano brillando de confianza.
—¡Claro que me encantaría! Pero primero tienes que pedirle permiso a mami y a papi.
Una vez más, a Daven se le retorció algo por dentro. Esa sola palabra, “papi”, lo golpeó como un latigazo. Sabía bien que, a sus ojos, él no era más que un extraño. Alguien con la suerte suficiente de que todavía le permitieran un lugar en su mundo.
—Está bien —dijo Daven en voz baja, asintiendo—. Entonces le pediré permiso a t