—¿A dónde demonios nos llevan? —murmuró Daven con la mirada fija en el camino. El auto seguía alejándose del centro de la ciudad. No conocía Solaviz en detalle, pero sabía que no era tan grande. No como Aethelis, la verdadera capital y centro económico del país.
—Ya le pedí al personal del departamento que se aseguren de tener su provisión de café lista, señor Daven.
El comentario repentino de Arven hizo que Daven volteara. Se miraron un momento, reconociendo en silencio lo mismo: algo en esta r