—Te va a encantar esto, Chase —dijo Cale entre risas antes de colgar. Momentos después, envió la foto. Al menos ahora sabía algo con certeza: Vanessa Blake no escaparía de la demanda de Althea.—Estás acabada, Vanessa —murmuró Cale una vez que confirmó que la imagen le había llegado a su hermano.Al otro lado de la ciudad, lejos de las relucientes torres de Solaviz, el ambiente era distinto. En un cuarto estrecho y mal iluminado, un único foco amarillo colgaba bajo, proyectando un resplandor enfermizo entre la bruma del humo rancio de cigarrillo. El aire era denso, sofocante.Cale estaba recostado, despreocupado, en una silla de metal, mientras un joven sentado frente a él permanecía con los hombros hundidos y la mirada clavada en el suelo, derrotado.James Sullivan.—Sabes por qué estás aquí, ¿verdad? —Cale sonaba tranquilo, demasiado tranquilo, pero el frío que desprendía calaba hasta los huesos.James asintió débilmente, pálido.—Yo... por favor, déjame ir. Ya...—Cállate. —Cale se
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