—¿Estás lista? —preguntó Theo con expresión petulante, como si la victoria ya descansara en sus manos. Desde temprano se había instalado en el departamento de su hija, sin querer arriesgarse a que alguien captara una fotografía de Vanessa luciendo demasiado “cercana” a ese asistente suyo. Por ahora, tenía que construir la imagen perfecta: Vanessa como la víctima del egoísmo de Daven. Acorralaría a su yerno, explotaría cada arma a su disposición y haría que Daven se doblegara.Ese era el plan.Y hoy era el clímax: la conferencia de prensa de Vanessa, donde por fin abordaría la tormenta de titulares que giraban en torno a Daven. Rumores de su supuesta aventura con una mujer que vivía en Solaviz, susurros de encuentros secretos con un niño que, según decían, era hijo de esa mujer; el escándalo había prendido como fuego. Todos hablaban de la traición de Daven, mientras Vanessa recibía oleadas de simpatía. La mujer arrastrada a todo este lío, en cambio, se convirtió en el blanco fácil, enfr
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