—¡Asegúrense de que Vanessa no haga ninguna locura! Quiten todo lo filoso que tenga cerca —ordenó Theo, con un miedo genuino en la voz tras escuchar lo que su hija había amenazado.
¿Y quién podía culparlo? Conocía su temperamento mejor que nadie: terca, impulsiva y peligrosa cuando se sentía acorralada. Si Vanessa lo decía, siempre existía la posibilidad de que lo cumpliera, sin el menor remordimiento. Y si lo hacía... Theo sería quien cargaría con las consecuencias de su escándalo.
El anuncio d