La lluvia golpeaba el rostro de Dante con una fuerza brutal, y el barro, parecía querer engullirlo mientras intentaba, por tercera vez, apoyar su peso en el estribo de la camioneta.Sus dedos, entumecidos por el shock térmico y la pérdida de sangre, resbalaron del metal, y cayó de rodillas sobre la graba húmeda, golpeando el lodo con un sonido sordo que fue ahogado por el estruendo de un rayo.— ¡Elara! — el grito salió de su garganta como un desgarro animal, roto por la fiebre que ya le nublaba la vista — ¡Tengo que... sacarla de ahí!Cassian apareció entre las sombras de los juncos, sujetándolo por las axilas justo antes de que su rostro se hundiera en el fango, y con un esfuerzo titánico, lo arrastró hacia el asiento trasero.— Maldita sea, Dante, te vas a desangrar antes de llegar a la carretera — gruñó Cassian, cerrando
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