Alister Thorne no era un hombre que aceptara la derrota, simplemente cambiaba el tablero.Tras el golpe psicológico recibido en la gala, se refugió en su ático de Brickell, no para esconderse, sino para diseccionar la armadura de Iván Lockwood.Si no podía destruir al hombre, destruiría los cimientos de su hogar, Y esos cimientos tenían un nombre, Alma Reyes.En las calles calurosas de Hialeah, lejos de los cristales blindados de la mansión, Peter Stone cumplía las órdenes de su amo.Thorne sabía que la familia de Alma era su punto ciego, localizaron a Roberto, el primo hermano de Alma, un hombre consumido por las deudas de juego y una cadena de negocios fallidos.— No te pedimos que mientas, Roberto, solo que digas tu verdad — dijo Peter Stone, deslizando un maletín con cincuenta mil dólares en efectivo sobre la mesa de un café barato &mda
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