«Hace dos meses en algún motel de la ciudad» Evany caía sobre la almohada luego de haber tenido un placentero orgasmo que la hizo estremecer. —El sexo es un regalo de Dios—, dijo, mientras terminaba de disfrutar hasta el último cosquilleo de su cuerpo, con los ojos cerrados. Ángel Ramírez encendió un cigarrillo que tenía entre los labios, lo aspiró un poco, y luego dejó escapar el humo que se condensó en el aire rápidamente. —Dios no...—, dijo Ramírez—, Es un acto totalmente científico—, aseguró.—Entonces...—, dijo Evany sonriendo de forma pícara, mientras se daba vuelta y dejaba sus nalgas al descubierto—, ¡Que viva la ciencia!—, bromeó.—Te amo...—, confesó el director del laboratorio más prestigioso de la ciudad. —Evany sonrió de forma incómoda, pero sin dejar que Ramírez lo notara. —Yo también te amo—, dijo de manera forzada. —Haría cualquier cosa por ti, y lo sabes. Evany sonrió con gusto. —Qué bueno que lo mencionas—, dijo, mientras tocaba el pecho del director con su
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