—No voy a discutir esto ahora mismo, porque lo único que importa es que estás viva—, dijo Lysander, soltando un suspiro cargado de una frustración que no lograba disipar del todo.Dio un paso atrás, apartando la mirada inquisidora de la señora Eva, que parecía a punto de desmayarse. El dueño de TerraCore apretó los puños y se obligó a relajar los hombros. A pesar de que la duda le quemaba por dentro como ácido, ver a la mujer en la cama con los ojos abiertos, respirando por sí misma, era un milagro que no quería empañar con un interrogatorio que podía esperar.—Tienes razón, Lysander—, intervino Chía, tratando de recuperar el aire y bajar la tensión—, Lo importante es que ella está aquí. El resto son solo confusiones por los nervios.En ese momento, la puerta de la habitación se abrió y el doctor principal entró acompañado de dos enfermeras que empujaban un carrito con equipo de monitoreo. El médico revisó las constantes vitales en la pantalla y asintió con satisfacción profesional,
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