AmaraLa orden de Caden quedó suspendida en el aire viciado del confesionario. «Muéstramelo»No era una petición. Era una órden.La única parte prudente de mí, moldeada por años de catecismo y recato, gritó que corriera, que me santiguara y huyera de esa locura. Pero mi cuerpo… era un traidor. Mi cuerpo reconoció la autoridad en su voz no como la de un sacerdote, sino como la de un amo, y respondió con obediencia ciega.Caden no se movió. Permanecía allí, una torre oscura bloqueando la salida, sus ojos fijos en mí con una intensidad que quemaba la piel. Estaba esperando, y su paciencia era más aterradora que cualquier castigo.Llevé las manos al dobladillo de mi vestido. Alcé la vista hacia él una última vez, buscando un rastro de duda, de piedad, pero solo encontré un abismo de deseo oscuro. Él quería esto. Y Dios me perdone, yo lo quería más.Lentamente, comencé a subir la tela. Mi piel se erizó ante la anticipación. Cada centímetro de piel expuesta se sentía como una quemadu
Ler mais