AnnelisseDraven tomó mis palabras como el permiso absoluto que eran y, con un solo empuje devastador, se hundió en mí hasta la empuñadura.Un grito ahogado murió en mi garganta, transformándose en un gemido roto cuando sentí cómo me llenaba por completo, reclamando mi interior con una posesividad que bordeaba la violencia. Mis dedos se clavaron en la madera del escritorio, mis nudillos blancos, buscando un ancla mientras mi mundo se reducía a la sensación de su grosor invadiéndome, partiéndome de la forma más deliciosa.—Joder, Annelisse... —gruñó contra mi oído, su voz un rasguño oscuro que vibró en mi columna—. Estás tan apretada. Tan jodidamente perfecta para mí.Comenzó a moverse, y la fricción fue una dulce tortura. No era un ritmo suave, era una conquista. Sus caderas golpeaban contra mi trasero con un sonido húmedo y obsceno que resonaba en la pequeña oficina, mezclándose con mis jadeos. Cada embestida me empujaba más contra el escritorio, aplastando mis pechos contra la dur
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