CAPÍTULO 1: LA NOCHE QUE LA LUNA SE PINTÓ DE SANGRELa luna estaba roja como la sangre que luego cubriría el suelo. Esa noche se llamaba la Noche de la Unión —cuando la Manada del Valle de los Robles, la mía, se uniría a la Manada de la Montaña Negra para formar una sola fuerza, un hogar más grande, más feliz. Había fogatas encendidas en el claro del bosque, música de flautas silvestres, el olor de carne asada y jazmín.Yo soy Elisa, veintitrés años, loba de rango medio, con pelo castano oscuro que se enrosca en mis hombros y ojos de color verde oliva —iguales a los de mi madre. Esa noche llevaba el collar de plata que mi padre, el alfa de la manada, me dio cuando cumplí dieciocho: una loba tallada en plata, con los ojos de cristal rojo. "Símbolo de nuestra fuerza y nuestra unión", me dijo.Mi hermano menor, Leo, de diecisiete años, me corrió detrás con una rama de flores silvestres. "¡Elisa! ¡Ven a bailar conmigo!" —gritaba, sonriendo como si el mundo fuera perfecto.Mi amiga Luna, m
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