Después de la coronación, Luna se instaló en el trono de Alfa Supremo. Lucas y Elisa se retiraron a una casa pequeña en el valle, cerca de las tumbas de los muertos, donde podían descansar y disfrutar del silencio. Pero Luna seguía consultándolos para todo —sabía que su experiencia era invaluable.El nuevo orden que Luna construyó era más fuerte que nunca. Las manadas se reunían cada mes en el castillo para discutir asuntos importantes, se compartían recursos, se ayudaban mutuamente en tiempos de necesidad. Las escuelas que Luna había pedido se construyeron en todas las manadas, y ahora todos los niños lobos podían aprender a leer, escribir, y defender la paz.Un día, cuando Luna tenía quince años, un grupo de lobos llegaron al continente —lobos de una tierra extraña, que se llamaba “El Continente del Este”. Eran diferentes a los lobos del continente —de pelo claro, ojos azules, y con habilidades de transformación más rápidas. Su alfa se llamaba Ana, y tenía dieciocho años, con una mi
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