—Ya basta, Erza —intervino el primero, el del traje gris impecable, con una voz tan baja y profunda que cortó el aire de inmediato. Su sola mención hizo que el tal Erza detuviera sus pasos a escasos centímetros de mí, aunque no apartó esa sonrisa de cazador—. No vinimos a jugar con universitarios. Que suban al ring de una puta vez. Demian, si pierdes, te costará caro. Keydan... si no peleas, la pelirroja no sale de este muelle.El ultimátum quedó flotando en el aire, espeso y asfixiante. Erza envolvió su mano en mi muñeca, y Matthew se tensó, listo para defenderme.—No, no —dijo Erza negando levemente. Mantenía su sonrisa, pero no llegaba a sus ojos—. No haría eso si fuera tu.Matthew me soltó lentamente la cintura, pero se mantuvo a mi lado como una sombra estática, viendo cómo el joven tiraba de mi brazo hacia los otros dos. De vuelta al galpón sentí los pasos pesados de mis amigos detrás de nosotros. Vi por el rabillo de mi ojo a Keydan tenso, desbordando furia contenida, sin apart
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