Me desperté con el sol que se filtraba por las cortinas de la habitación de Keydan, era un recordatorio de que el mundo seguía girando a pesar de que el mío se había detenido anoche. Me sentía extrañamente ligera, la fiebre parecía haber cedido, pero el peso posesivo del brazo de Keydan sobre mi cintura y su respiración constante contra mi nuca me devolvieron a la realidad de golpe. No estaba arrepentida pero tampoco estaba preparada para lo que venía.Keydan se movió, semi dormido.Me quedé rígida, con el corazón empezando a latir con fuerza contra mis costillas. Recordé el frío de la piscina, la desesperación en sus ojos negros y, sobre todo, el sonido metálico de la llave golpeando el suelo cuando decidí que, por una noche, no quería huir.Bajé la mirada. Allí estaba, brillando bajo un rayo de sol justo al lado del suéter que me había quitado horas antes. Era el testimonio mudo de mi rendición.—Ayla… —murmuró Keydan entre sueños, apretándome más contra su pecho desnudo. Su voz ron
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