Milena llevaba su media melena revuelta y sus labios resplandecientemente rojos, como todos los días. Me dio una mirada de resignación y yo dudé entre preguntarle que quería o pedirle que se fuera. Al final no lo necesité porque fue ella quien habló:
—Sé que tú y Keydan tienen o tuvieron algo —dice con cierto hastío.
—No sé de qué me estás hablando —miento.
—No te hagas la idiota, Ayla, tampoco vengo a pelear nuevamente por Keydan.
Después del altercado en el baño, dudaba que fuera real.
—¿Qué