El regreso fue pacífico, aunque los ojos de Cade no se separaron de Keydan y de mí desde que pusimos un pie en el departamento. Incluso después de que Cloe llegara e intentara distraerlo, parecía un halcón sobrevolándonos. Mi cuñada, al no poder alejarlo de nosotros, decidió alejarme a mí ayudándome a escoger un bikini. Por supuesto, era suyo; yo no tenía uno desde hace mucho tiempo, probablemente desde que era pequeña y mamá nos llevaba a Cade, a Keydan y a mí al arroyo. De vez en cuando, la señora Miller y Matthew se unían junto a alguna otra madre e hijo.—¿Estás segura de esto? —No se parecía en nada a lo que tenía pensado. Enseñaba piel por todos lados y sentía que mis senos se iban a escapar en cualquier momento—. Siento que, si me muevo mal, se me verá algo.—Tienes un cuerpo espectacular, hay que lucirlo.—No estoy segura, Cloe —murmuré, observándome en el espejo una vez más. El bikini azul contrastaba con mi piel de una forma agradable, era mi tono, pero seguía sin parecerme
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