Capítulo 89. La cena en la boca.
Camila se quedó callada. La pregunta le dio en el centro del pecho. Tenía razón. Siempre era ella la que cortaba la carne de las niñas, la que servía a sus hermanos, incluso a veces a su padre, la que verificaba que todos estuvieran bien antes de sentarse a comer comida fría.Nadie la cuidaba así. Abrió la boca. Fue una rendición pequeña, pero significativa. Arthur sonrió. Deslizó el tenedor en su boca. El sabor estalló en su lengua. Salado, dulce, rico. Gimió de placer involuntariamente mientras masticaba. —Dios... está increíble.Arthur la miraba masticar como si fuera el espectáculo más fascinante del mundo. Sus pupilas estaban dilatadas, oscuras como el mar nocturno. —Mastica despacio, no quiero que te vayas a atragantar —murmuró, limpiando una gota de salsa de su barbilla con el pulgar, para luego llevarse el dedo a su propia boca y chuparlo—. Disfrútalo. Cortó otro trozo. Esta vez, pinchó un espárrago verde, brillante de aceite de oliva, junto a un trozo de la carne Wagyu. —
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