Capítulo 68. Una boda que planear.
Bruno suspiró, un sonido largo y triste que pareció envejecerlo diez años en un segundo. Se apartó de Victoria y caminó hacia Arthur. Camila contuvo la respiración, temiendo el golpe. Pero Bruno no levantó el puño. Se detuvo a medio metro de Arthur, invadiendo su espacio personal, pero sin violencia. Solo con intensidad. Lo miró a los ojos, de hombre a hombre, de padre a padre.—Escúchame bien, Sterling —dijo Bruno con voz grave, ronca por la emoción contenida—. Puedes llevarte las maletas. Puedes ponerle ese anillo ridículamente caro. Puedes llevarte a mis nietas a tu torre de cristal. Bruno señaló a Camila sin mirarla, manteniendo los ojos clavados en Arthur. —Pero ella... ella es mi tesoro más grande. A Bruno se le quebró la voz un instante. —Antes de que tú llegaras, yo le limpié las lágrimas. Yo la sostuve cuando tú la rompiste. Ella es mi niña.Bruno dio un paso más, quedando nariz con nariz con Arthur. —Tienes derecho a intentarlo. Victoria tiene razón. Pero te lo adviert
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