Capítulo 70. Guardarropa de muñeca.
—Recuerdo el tamaño de tus senos. —La mirada de Arthur bajó a su escote, pesada, física—. Sé que llenan mi mano perfectamente. Sé que tu piel es suave aquí... —Rozó con el nudillo la piel sensible de su cuello—... y que te erizas si te toco aquí.
—¡Basta! —Camila intentó empujarlo, pero sus manos aterrizaron en el pecho duro de él y se quedaron allí, traicioneras, sintiendo el latido fuerte de su corazón a través de la camisa.
—Me tratas como a una muñeca —acusó ella, con la voz temblorosa—. M