Capítulo 10. Una mujer de poder.
Tres semanas después.Sala de juntas de la Torre Ávalos. El reflejo que devolvía el cristal ahumado del ascensor privado no era el de Camila Ávalos. O al menos, no el de la Camila que había existido hasta hacía veinte días. Esa chica, que le gustaba usar colores pastel y sonreía con timidez, había muerto. La mujer que estaba de pie en la cabina de acero inoxidable, ascendiendo hacia el piso cuarenta, era una extraña vestida de luto riguroso.Llevaba un vestido negro de corte sastre, impecable, cerrado hasta el cuello, diseñado estratégicamente para no revelar absolutamente nada de su figura. A las doce semanas de gestación, su vientre apenas era una insinuación; sin embargo, Camila no estaba dispuesta a correr riesgos. Sobre el vestido, llevaba un blazer estructurado que le daba una silueta de hombros anchos, poderosa, casi militar. Su cabello, usualmente suelto en ondas suaves, estaba recogido en un moño bajo, tirante y severo, sin un solo mechón fuera de lugar. Su maquillaje era
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