Capítulo 27. El fantasma en el papel.
Comedor ejecutivo, Torre Ávalos.Camila intentó huir. Realmente lo intentó. Después del enfrentamiento en la oficina de cristal, había arrastrado a las niñas hacia el ascensor con la intención de salir del edificio, subir a su camioneta y encerrarse en la mansión hasta que el contrato de Arthur terminara o hasta que el mundo se acabara, lo que ocurriera primero. Pero Arthur fue más rápido. O más estratega.La había interceptado en el vestíbulo del ascensor, no con amenazas, sino con una oferta que, delante de dos niñas de casi dos años y medio, era imposible rechazar.—Tienen hambre —había dicho él, señalando a Harper, que se estaba chupando el dedo, y a Hanna, que miraba con interés la máquina expendedora—. No seas cruel, Camila. Invito al almuerzo. Aquí mismo, en el comedor ejecutivo. Nadie nos molestará.Y así, Camila se encontró sentada en una mesa de la cafetería desierta del piso veinte, atrapada en una tregua que se sentía más como una emboscada. Frente a ella, Arthur Sterling
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