★AmeliaPasaron como uno, dos, tres… o cinco días, ya no sé, desde que la mamá de Andrea la dejó en la casa y nunca regresó por ella. A veces siento que fue ayer, a veces siento que pasó hace un millón de amaneceres. Andrea ahora vive con nosotros, pero no vive-vive, sino que duerme aquí, come aquí y juega aquí. Y también se pone toda mi ropa. Bueno, no toda, pero casi toda. Mis vestidos favoritos, esos de flores y el rosita que tenía brillitos en el cuello… todos.Pero no me importa.Bueno, sí, pero solo poquito.Porque mamá Lulú dice que cuando uno quiere a alguien tiene que compartir. Que compartir es amar, y que amar es tener el corazón grande aunque a veces duela. Yo no sé si eso es verdad, pero mamá Lulú lo dice con una voz tan bonita que parece que sí.Además, papá le compró nuevos vestidos a Andrea. Nuevecitos. Con olor a tienda y a bolsita de plástico. Pero aun así ella sigue usando los míos. Yo la veo y… pues no sé. A veces me da risa verla con mis vestidos que le quedan un po
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