Siento la mirada de toda la familia clavarse sobre mí.Es pesada. Fría.Como si cada uno de ellos estuviera evaluándome, desarmándome pieza por pieza sin siquiera tocarme. Me cuesta respirar con normalidad. Mi pecho sube y baja con una ansiedad que intento ocultar, pero sé que no soy tan buena fingiendo.Tengo miedo. Miedo de ser rechazada otra vez. Miedo de no ser suficiente.Miedo de que, en cualquier momento, alguien diga lo que siempre temí escuchar: que no pertenezco aquí.—Abuelo Azkarion, abuela Verena, madre y padre —la voz de Azkariel rompe el silencio, firme, segura—, ella es la mujer que amo… ella es la mujer que será mi esposa… y la madre de mis hijos.Mis dedos tiemblan ligeramente, pero él sostiene mi mano con firmeza. Ese simple gesto me ancla, me recuerda que no estoy sola.Levanto la mirada. Y entonces lo veo.El abuelo Azkarion.Sus ojos están fijos en mí, penetrantes, intensos… como si intentara ver a través de mi piel, de mis pensamientos, de mis secretos más profun
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