POV Anyra
—¡La única mujerzuela eres tú! —gritó Azkariel, y su voz retumbó en todo el salón como un trueno imposible de ignorar—. ¡Eres la amante que ahora quiere ser esposa! ¿Acaso crees que lo olvidamos?
Sentí cómo el aire se volvía pesado, casi irrespirable. Todas las miradas estaban sobre nosotros, cada susurro contenido, cada respiración suspendida en ese instante cargado de tensión.
—¡Señor D’Argent! —intentó intervenir Gustavo, pero su voz sonó débil, insegura, como la de un hombre que ya