POV Anyra.
La mujer se marchó dejándome algo más pesado que cualquier amenaza: una fecha, una hora y un lugar. Mañana. Tan simple, tan inevitable.
Sentí cómo ese “mañana” se me clavaba en el pecho, como si el tiempo hubiera decidido burlarse de mí, obligándome a avanzar hacia algo que no estaba segura de poder enfrentar.
Azkariel tomó mi mano con firmeza, pero sin decir nada. Salimos de ahí casi sin despedirnos, como si ambos supiéramos que cualquier palabra en ese momento rompería algo frágil e