Tanto Asherad como Sigrid reaccionaron con una expresión de comprensión anticipada, como si, incluso antes de leer, ya intuyeran el contenido de aquella carta. Él dirigió una breve mirada hacia su esposa y luego tomó el sobre.Entonces, extrajo el papel del interior y lo desplegó, fijando la vista en las líneas escritas mientras sus pupilas se deslizaban de un extremo al otro. A medida que avanzaba en la lectura, su semblante se endurecía progresivamente, hasta que, al finalizar, arrugó el documento evidenciando el enojo que comenzaba a desbordarlo.Damián agradeció al mensajero por su diligencia. El hombre inclinó la cabeza en señal de respeto antes de retirarse, despidiéndose con formalidad. Asherad, por su parte, permanecía visiblemente alterado, con el rostro enrojecido por la ira, mientras Sigrid, inquieta, se aproximaba un paso más hacia él, buscando respuestas.—Asherad, dinos qué sucede —pidió con preocupación—. ¿Qué decía la carta?—Tenías razón. Celeste está en Ford —reveló
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