Elliot la besó una vez más antes de apartarse lo justo para mirarla.—Ahora que tus dudas se han disipado, deberías regresar a tu habitación —le dijo.Celeste, sin embargo, no se movió. Se aferró a él, negándose a aceptar la separación.—No, Alfa… Quiero quedarme aquí. Permítame dormir a su lado.Elliot la observó unos instantes en silencio, como si sopesara sus palabras. Luego, sin oponerse, se recostó sobre la cama y extendió un brazo en gesto de invitación.—Ven aquí —indicó.Celeste, al ver que no la rechazaba, dejó escapar una pequeña sonrisa de alivio. Aquella aceptación silenciosa le bastó para sentirse tranquila. Se acomodó junto a él, recostándose sobre el brazo que él había extendido, y sin dudarlo lo abrazó, aferrándose a su pecho. Elliot respondió envolviéndola con su propio brazo, manteniéndola cerca, hasta que ambos terminaron quedándose dormidos en esa misma posición.A la mañana siguiente, Elliot se encontraba en su oficina cuando un guardia entró apresuradamente.—Alf
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