206. El Amanecer de la Guerra.
Los tres niños salieron corriendo de inmediato hacia Franco. No sabía si tal vez, por ser niños, no sentían ese respeto abrumador que desprendía el hombre, o tal vez lograban percibir la extraña sensación cálida y paternal. Franco no lo dudó ni un instante; abrió sus manos y los tres niños saltaron sobre él. Era tan fuerte que los abrazó a los tres a la vez. — ¿Están bien? — dijeron.Les dio muchos besos y los abrazó. Era extraño, porque parecía Franco, parecía él, lo que él siempre había sido. Imaginé que cuando heredaran el poder de los Primeros iban a cambiar, tal vez su personalidad iba a ser diferente. Pero no, eran ellos. Más sabios, muchísimo más poderosos, pero ellos al fin de cuentas. — Y yo estoy muy orgulloso de ustedes, de todos — dijo — . ¿Entendieron? Lograste regresar a tu forma humana — le dijo a Nicolás.El niño lo abrazó, apoyando la carita en el cuello de Franco. El hombre volteó a mirar con tristeza hacia Mara y ella asintió. Levantó las manos en el aire y sus
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