211. El Comienzo.
Se arrodilló ante mí y yo ni siquiera entendí por qué el Alfa de la manada estaría nervioso. Enfrentó guerras y batallas, frente a los peones que custodiaban el laberinto, se enfrentó con su propio hermano y en una pelea de muerte, y estaba ahí con la voz temblorosa mientras, arrodillado frente a mí, extendía el anillo. — ¿Serías mi Luna? ¿Mi Luna de verdad? Y esta vez para siempre.Yo me arrodillé a su lado mientras le daba un beso en los labios. — Siempre he sido tu Luna. Creo que desde el primer instante en el que crucé por la puerta de tu habitación, desde el primer instante en el que me dijiste que iba a tener que darte un heredero. Resulta que sí, voy a quedarme aquí para siempre.Iba a ser feliz. Era todo lo que necesitaba.Alguien tenía un teléfono y nos estaba grabando, cosa que me pareció graciosa. Habían grabado el momento.Evidentemente, justo como el Alfa había dicho, comenzamos a digitalizar la manada. Unos meses después de haber regresado, un grupo técnico que vino de
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