199. El Peso de la Sangre.
Tenía que matarlo. Tenía que matar a mi hermano. ¿Cuántas veces había hecho yo esa maldita afirmación desde que había regresado a mi vida? Pero ahora era real. Ahora era real, porque no tenía otra opción. Si no lo mataba, él me mataría a mí. Estaba perdido, enceguecido por su deseo de poder, y ahora que estaba tan cerca, estaba seguro, no lograría convencerlo de nada. Ahora que estaba tan cerca, él intentaría obtenerlo de la manera que fuera.Del bolsillo seguía sacando aquellas malditas esferas que lanzaban explosiones. Y me pregunté: ¿cuántas vidas tendría que haber sacrificado de su propia manada para poder crearlas? Porque por lo que nos había contado Franco y Francisco, cada uno de aquellos hechizos, cada uno de los poderes que el Rey Cuervo requería, era tomado gracias al poder del sacrificio. Cuando alguien entregaba su vida para que el don fluyera. Y eso no solo lo hacía un ser humano despreciable, sino también un mal Alfa, que nunca le importó su manada para nada más que para
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