El tiempo pasaba con rapidez, un mes después del accidente, Paolo parecía no inmutarse por el hecho de haber sido expulsado de la familia D’Angelo y, menos, le interesaba lo que Pierre le había solicitado o advertido. Al final, el joven sabía que, a falta de Pierre, no habría nadie en la sucesión, sí o sí, él sería quien iba a tener acceso a todo lo que el apellido Legrand le podía dar por nacimiento. Si aquello no le quitaba el sueño, menos le iba a quitar el sueño la universidad; además, ¿Por qué se preocuparía por aquello? Él era hijo de un millonario, el hecho de que ahora le negaran la fortuna, tal como ya lo había pensado a futuro, no sería así. Otra cosa que lo hacía sentir tranquilo, era que, tan pronto como tuviera la investigación de la familia de Vania, sería el momento en que tomaría cartas en el asunto. Mientras aquello sucedía, el joven se había ido a Gaeta, había tomado “prestado” el yate de Luciano y, al ser un D’Angelo, nadie se lo había negado. El joven llevaba a
Leer más