Capítulo 16. El amor no se puede forzar
—Abuelo, bienvenido —dice Axel, acercándose con un gesto forzado de cortesía—. Qué bueno es tenerte en casa.Don Aldric lo observa con desdén.—Tú y yo hablaremos luego —responde, seco, sin apartar la mirada.Axel asiente, resignado. Está acostumbrado a ese trato. Su abuelo rara vez le dirige palabras amables. En cambio, con Lia y Ayla es todo lo contrario; las adora, las trata con cariño genuino. Esa diferencia siempre ha sido evidente, incluso frente a los demás.—Bienvenido, abuelo —Ayla también lo abraza. Adriana y Victor solo saludan de voz.El almuerzo transcurre en un ambiente tenso. Solo el anciano habla, haciendo preguntas ocasionales sobre la empresa. Los demás contestan con monosílabos, evitando decir algo que pudiera disgustarlo. Todos conocen el carácter de Aldric Storme: directo, tajante, incapaz de tolerar las falsedades.Sin embargo, Adriana, que nunca sabe cuándo callar, no puede resistirse a dejar caer su veneno disfrazado de comentario casual.—Padre, ¿supiste que
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