Capítulo 16. El amor no se puede forzar
—Abuelo, bienvenido —dice Axel, acercándose con un gesto forzado de cortesía—. Qué bueno es tenerte en casa.
Don Aldric lo observa con desdén.
—Tú y yo hablaremos luego —responde, seco, sin apartar la mirada.
Axel asiente, resignado. Está acostumbrado a ese trato. Su abuelo rara vez le dirige palabras amables. En cambio, con Lia y Ayla es todo lo contrario; las adora, las trata con cariño genuino. Esa diferencia siempre ha sido evidente, incluso frente a los demás.
—Bienvenido, abuelo —Ayla tam