Capítulo 14. ¿Esposa?

Ya es casi de noche cuando Axel sale del hospital. La luz mortecina del atardecer se filtra por los ventanales del pasillo. Está cansado, con el cuerpo tenso por las horas que ha pasado allí dentro. Ravenna finalmente se ha quedado dormida y su madre prometió quedarse a acompañarla hasta la mañana.

Kai se había marchado antes, para atender unos asuntos pendientes en su empresa. Así que solo Martín lo espera afuera, apoyado en el auto, con las manos cruzadas. Cuando ve a su jefe aparecer, abre la puerta trasera de inmediato.

Axel sube sin decir palabra.

—¿Dónde vamos, jefe? —pregunta Martín, con cautela.

Axel mira hacia el frente, pensativo. Luego gira la cabeza y observa el pastel que sigue intacto en el asiento trasero. El mismo que había comprado horas antes con la intención de llevárselo a Lia. Su frente se frunce y suspira con pesadez. A esta hora ya está pasado. Cuando tenga tiempo, le comprará otro.

—A la casa de los padres de Lia —responde finalmente.

Martín asiente y arranca. El trayecto se desarrolla en silencio. Axel apoya la cabeza contra el respaldo y cierra los ojos por unos segundos. No deja de pensar en la mirada fría de Lia cuando le pidió que firmara los papeles del divorcio. ¿De verdad va a tirar todo a la basura por lo que pasó? Tampoco deja de pensar en su abuelo, que aún cree que todo está bien entre ellos. Y ahora, con Ravenna nuevamente en ese estado, siente que todo se derrumba, que su vida entera se le escapa de las manos.

✪ ✪ ✪ ✪

Lia está en el comedor, concentrada frente al computador. El diseño en el que trabaja es minucioso y elegante, pero sus pensamientos viajan una y otra vez hacia lo que pasó en la mansión Arrabal. A un lado hay una taza de café tibio que no ha tocado en un buen rato.

Yvy entra con el celular en la mano y una expresión tensa.

—Mira esto —dice con voz irritada, extendiéndole el teléfono.

Lia levanta la vista. En la pantalla aparecen fotos de Axel en el hospital, acompañado por Ravenna y por la señora Adriana. Hay titulares y comentarios en redes sociales. Algunos lo llaman “el esposo ejemplar que corre al rescate de su protegida”. Otros, simplemente, alimentan rumores.

—¿Qué nueva jugada estará tramando esa perra? —murmura Yvy, llena de rabia—. La gente no para de comentar, me tiene asqueada. ¿En serio Axel no piensa en tus sentimientos?

Lia observa las imágenes en silencio. Por dentro, una mezcla de decepción y cansancio le oprime el pecho. Estaba intentando mantenerse firme, pero todo parece confabularse para ponerla a prueba.

Está por responderle a su amiga cuando el timbre interrumpe sus pensamientos.

Ambas se miran.

—¿Estás esperando a alguien? —pregunta Yvy.

—No. ¿Y tú?

—Yo menos.

Yvy camina hacia la ventana y asoma apenas un poco la cortina. Su rostro se pone pálido.

—Es Axel —susurra.

Lia se queda quieta unos segundos.

El timbre vuelve a sonar, esta vez con insistencia.

—Déjame a mí —dice Yvy, enfurecida—. Le voy a decir sus verdades en la cara antes de mandarlo a la m****a.

Lia la detiene tomándola del brazo.

—Está bien. Lo atenderé yo. Haré que se vaya.

—¿Estás segura? —Yvy duda—. Aquella vez, en la mansión Arrabal, estaba muy brusco. No quiero que te haga daño.

—Estoy segura. No te preocupes. Solo hablaré con él.

Yvy suspira y se hace a un lado, pero se mantiene cerca, atenta a cualquier cosa.

Lia abre la puerta. El aire fresco de la noche le golpea el rostro. Sale y cierra tras ella antes de enfrentarlo.

Axel la observa con el ceño fruncido y la mandíbula tensa.

—Hablemos —dice sin rodeos.

Lia cruza los brazos.

—Señor Storme, no hay nada de qué hablar, excepto del divorcio. Si viniste hasta aquí para hablar de eso, entonces sí podemos hacerlo. De lo contrario, te sugiero que regreses a cuidar de tu amada Ravenna.

—¿De qué estás hablando? —Axel da un paso adelante y la toma del brazo.

Lia se zafa con brusquedad.

—No me vuelvas a tocar o te demandaré por agresión.

—¿Demandarme? —Axel la mira con incredulidad—. ¿Desde cuándo es un delito tocar a tu propia esposa?

Lia lo mira con frialdad.

—¿Esposa? —replica con amargura, conteniendo el temblor en su voz—. ¿Esa que vivió todos estos años escondida? ¿La que solo tiene un certificado de matrimonio guardado en un cajón? ¿La que nunca tuvo una fiesta, ni una cena de boda, ni siquiera una foto pública contigo? ¿Esa que todos creen que es tu asistente mientras tú te paseas con Ravenna Drayle como si fuera tu prometida? ¿Esa soy yo?

Axel la observa en silencio, con el rostro endurecido, pero sin poder negar una sola palabra.

Lia continúa; la voz le tiembla, pero no se detiene.

—Aprendí a reprimir mis sentimientos, Axel. A esconder mis deseos, mis opiniones, todo lo que era yo. Vivía solo para complacerte, para adaptarme a lo que tú querías, a lo que esperabas de mí. Dejé de ser yo misma para convertirme en tu sombra. Una esposa invisible. 

Axel respira hondo. Intenta mantener la calma.

—Quedamos en que una fiesta era innecesaria —responde al fin, con un tono más bajo, pero firme—. Ninguno de los dos quería exponer nuestra relación a los medios. ¿Por qué estás mencionando eso ahora?

Lia suelta una risa seca, amarga.

—Tú decidiste que era innecesaria, Axel. Tú decidiste que era mejor mantenerlo en secreto. Como todo lo que tiene que ver conmigo. También tú decidiste que era más conveniente dejar que la gente piense que Ravenna es tu pareja.

—Eres mi esposa, Lia —replica él, un poco más impaciente—. Eso es lo que realmente importa, ¿no? El título es tuyo, sin importar lo que los demás piensen. Nos casamos para toda la vida, hasta que la muerte nos separe.

Lia lo mira fijo, dolida.

—¿De qué sirve ese título si todo internet está inundado de fotos tuyas con Ravenna? Las revistas los llaman la pareja del momento, los felicitan por su supuesto compromiso. ¿Sabes cómo me siento luego de que me hiciste ver como una cualquiera? Como una burla. Como el hazmerreír de todos. Tus padres deben estar encantados, igual que tus amigos.

Axel aprieta la mandíbula, intentando no perder la paciencia. Se lleva una mano a las sienes, cansado.

—Lia… —murmura, pero ella lo interrumpe.

—No digas nada. Ya sé lo que vas a decir: que todo está solucionado, que lo hiciste por estrategia o por imagen. Ya no me sirve esa excusa.

Axel suspira.

—El abuelo vendrá a quedarse un tiempo en la mansión. Está enfermo. Quiere que tú y yo lo acompañemos mientras esté aquí. Se enteró de lo que pasó y está preocupado. Sería mejor que hablemos con él y le mostremos que todo está bien.

Lia lo observa sin creer lo que oye. Siente un nudo en el pecho.

—Así que por eso viniste —dice finalmente, con una sonrisa amarga—. No porque te importara lo que pasó, ni lo que siento, sino porque no quieres decepcionar al abuelo.

Axel baja la mirada unos segundos.

—Sabes que no es eso. Pero no quiero que se preocupe, no está bien de salud.

—Entonces dile la verdad —responde Lia con frialdad—. Dile que terminamos, que ya no queda nada entre nosotros. Sería lo más honesto, ¿no crees? Ya no hay razón para seguir fingiendo.

Axel la mira con cansancio, con una mezcla de tristeza y frustración.

—Sabes que no puedo hacer eso. Su estado es delicado, Lia. No quiero darle un disgusto. Él te quiere mucho y tú también lo aprecias. No le harías eso, ¿verdad?

Lia desvía la mirada. En su interior, sabe que Aldric Storme es el único miembro de esa familia que siempre la trató con verdadero afecto. Desde el principio, él y Ayla fueron quienes la acogieron, quienes defendieron su relación cuando los padres de Axel la rechazaban. Sin su apoyo, ese matrimonio nunca habría existido.

Suspira y asiente con resignación.

—Está bien, iré a verlo cuando llegue —dice, intentando sonar tranquila.

Da un paso hacia la puerta, pero Axel la detiene con suavidad por el brazo.

—¿No sería mejor que vayamos ahora? Así podríamos estar allí cuando llegue. Se sentirá más tranquilo si nos ve juntos.

Lia se zafa lentamente.

—No, iré cuando llegue. No pienso volver a esa casa contigo.

Axel la mira, intenta responder, pero decide no hacerlo. No tiene sentido discutir más.

—De acuerdo —dice finalmente—. Entonces vendré a buscarte cuando él llegue.

No espera su respuesta. Da media vuelta, camina hacia el auto y se marcha sin mirar atrás.

Lia se queda de pie frente a la puerta unos segundos. Luego entra, cerrando con firmeza. Apoya la espalda en la madera y deja escapar el aire que estaba conteniendo. Siente un vacío enorme en el pecho. Cada palabra que acaba de decir la desgasta más, pero también la libera.

✪ ✪ ✪ ✪

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP