Inicio / Romance / La esposa invisible del millonario / Capítulo 12. Nada es más importante que el amor
Capítulo 12. Nada es más importante que el amor

Axel está sentado en su oficina del último piso del edificio Storme Helix Group. Ya es bastante tarde; la mayoría de los empleados se han marchado, excepto algunos guardias que cumplen horas extras. Sin embargo, él no tiene la más mínima intención de moverse de allí. El ambiente es silencioso, solo se escucha el débil zumbido del aire acondicionado y el lejano ruido del tránsito nocturno.

Tiene la vista fija en el enorme ventanal desde donde se ve la ciudad en movimiento. Miles de luces parpadean en las avenidas y edificios, pero a él le parecen difusas, ajenas. Se frota las sienes para aliviar un poco el dolor de cabeza que lo aqueja desde la mañana. No es solo cansancio, es un peso que viene arrastrando desde hace días y que cada vez se le hace más insoportable.

En ese momento, su celular vibra sobre el escritorio. Axel lo ignora, sin siquiera mirar la pantalla. Asume que es su madre o Ravenna; no tiene ganas de escuchar parloteos ni reproches. Respira hondo y se recuesta en el respaldo del sillón de cuero.

Cuando cree que al fin se han rendido, el celular vuelve a sonar. Frunce el ceño. Con un gesto brusco, toma el teléfono y mira la pantalla. No reconoce el número. Suspira, indeciso, y al final pulsa en contestar.

—Axel, hasta que por fin atendiste —resuena una voz grave y familiar desde el otro lado de la línea. Es el regaño de su abuelo, Aldric Storme—. ¿Ya estás en casa? Pásame con Lia, quiero saber cómo está. Hace mucho que no puedo comunicarme con ella.

Axel se endereza en su asiento. Su expresión cambia al instante.

—Estoy en la empresa, abuelo. Lia está… en casa ahora mismo —miente con voz controlada—. Le diré que te llame cuando llegue.

Del otro lado hay un silencio breve, seguido de un tono serio.

—Vi lo que sucedió la otra noche. No puedo creer que hayas sido capaz de eso. Solo espero que Lia haya estado de acuerdo, porque si no, tú estarás en serios problemas. No pienso perdonarte si la lastimaste.

Axel se queda quieto, apretando el teléfono contra su oreja. Frunce el ceño, incrédulo. Se había asegurado de borrar todas las noticias rápidamente. ¿Cómo pudo su abuelo enterarse? Su estado de ánimo empeora abruptamente.

—Todo está bien, abuelo. No te preocupes —responde con voz seca, casi automática.

—Claro que me preocupo —replica Aldric, firme—. Tus padres son el peor ejemplo de una familia feliz y temo que sigas sus pasos y te conviertas en uno de ellos. Viven de forma mecánica, como si fueran robots, siempre buscando poder, más dinero, más atención. No quiero eso para ti ni para Ayla. Nada de eso es más importante que el amor y la felicidad.

Axel se queda callado un momento. Su abuelo sigue hablando, pero él apenas escucha. Esa comparación con sus padres le incomoda más de lo que quisiera admitir.

—Sí, abuelo —responde al fin, sin ganas.

—Llamaba para avisar que en tres días estaré en Villeroy —prosigue Aldric—. Estaré un tiempo por allí y me gustaría que Lia y tú se mudaran a la mansión mientras estoy en casa. No me queda mucho tiempo de vida y quiero compartir con toda la familia, sin excepción. Ya es hora de que ustedes me den un bisnieto. Llevan varios años casados. ¿Acaso tienes problemas de fertilidad?

Axel se pasa una mano por la frente, sintiendo cómo la presión en su pecho aumenta. Cierra los ojos por un instante.

—Hablaré con ella, abuelo. No creo que haya problema en que vayamos a la mansión —dice al final, aunque por dentro sabe que esa conversación será cualquier cosa menos sencilla—. Con respecto a los hijos, aún somos jóvenes. Podemos tener varios más adelante.

Aldric murmura algo más, le da indicaciones sobre su llegada.

—Entonces cortaré la llamada. No olvides decirle a Lia que me llame.

—Sí, abuelo.

La llamada se corta y Axel se queda pensativo, con la vista fija en la pantalla apagada del teléfono. El silencio de la oficina parece más pesado ahora. Se pasa una mano por el rostro, cansado, intentando ordenar las ideas. La conversación con su abuelo le ha dejado una incomodidad que no logra quitarse de encima.

Tras un largo suspiro, toma el teléfono nuevamente y marca el número de Kai. Apenas escucha su voz al otro lado, lo interrumpe con tono severo.

—¿No me ayudaste a eliminar las noticias de internet como te había pedido? ¿Cómo es que mi abuelo sabe de ello?

Del otro lado de la línea, Kai suspira antes de responder.

—Por supuesto que lo hice, Axel. Sabes que mi equipo es el mejor, pero es imposible detener las habladurías. Lo que pasó fue muy grave. Aunque borramos todo, era lógico que algunos medios o personas lo siguieran recordando. Mi gente sigue pendiente de cada comentario malicioso para eliminarlo.

Axel aprieta el puño sobre el escritorio.

—Se suponía que esto debía quedar en el pasado. No quiero que Lia siga viéndose afectada por algo que ya terminó. Aún está muy molesta.

—Tú mismo lo dijiste —responde Kai con voz cansada—. Lo que pasó fue grave, Axel. No debiste exponerla de esa forma. Siempre pudiste encontrar otra solución.

Axel se queda callado unos segundos. Se frota la cara con pesadumbre, consciente de que su amigo tiene razón.

—Pero no tuve opción, Kai. Fue una situación límite. No podía dejar que toda mi carrera se viniera abajo por una simple confusión.

—No lo justifiques —interrumpe su amigo, firme—. Hay cosas que no se arreglan con dinero ni poder y tú lo sabes.

Axel deja escapar un suspiro largo, cansado de discutir.

—¿Sabes dónde está ahora? —pregunta al final, con voz más baja.

—Sigue en la casa que era de sus padres. Mis guardias dicen que está planeando quedarse a vivir allí. La mantengo vigilada, tal como me lo pediste.

Axel asiente, aunque Kai no puede verlo.

—De acuerdo. Mañana iré a buscarla.

Cuelga la llamada y se queda mirando el ventanal, en silencio. La ciudad brilla bajo el cielo oscuro, pero él solo siente un vacío difícil de explicar. Todo lo que construyó parece tambalearse desde que Lia se fue. 

No se suponía que fuera así.

✪ ✪ ✪ ✪

Lia está acostada, pero no está dormida. Mira el techo con los ojos abiertos, repasando una y otra vez todo lo que ha ocurrido. El estrés de la reunión con los Arrabal fue demasiado. Su cabeza estuvo a punto de estallar y la absurda discusión con Axel a la salida terminó de agotarla.

En la penumbra, la puerta se abre lentamente. Yvy asoma la cabeza y entra con paso silencioso. Lleva una taza de té de valeriana entre las manos.

—No puedes dormir, ¿verdad? —pregunta, aunque ya conoce la respuesta.

Lia se incorpora un poco, apoyándose en la cabecera.

—No. Mi mente no deja de dar vueltas.

Yvy deja la taza sobre la mesita y se sienta junto a ella.

—Ese Axel es un idiota. ¿Cómo puede favorecer a una extraña antes que a su propia esposa? ¿Qué le pasa? —Su tono es de enojo e impotencia.

Lia suspira y la mira con una pequeña sonrisa cansada.

—No te preocupes, amiga. Es solo un cliente. Ganó esta vez, pero vamos a seguir trabajando. No necesito de su apoyo para sobresalir. Puedo hacerlo por mí misma.

Yvy niega con la cabeza.

—Pero ¿qué pasará si esa Ravenna sigue con esa actitud? Es evidente que todo lo hace para molestarte.

Lia toma aire despacio.

—Confiemos en que encontraremos clientes que no se dejen llevar por las opiniones de Axel. Hay gente que aún valora el trabajo y no los escándalos. Podemos hacerlo.

Yvy toma su mano entre las suyas, apretándola con cariño.

—Sabes que te apoyo en todo. Si tú dices que lo conseguiremos, así será.

Lia asiente, dejando escapar un suspiro más tranquilo. Siente una pequeña chispa de esperanza. No sabe cómo, pero tiene la certeza de que, esta vez, va a levantarse.

✪ ✪ ✪ ✪

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP