POV. Amelia Me quedé mirándolo, atrapada en la órbita de sus ojos azules, dos pozos de luz líquida en la penumbra de la cocina. Aún me sostenía, sus manos firmes en mi cintura, mi cuerpo pegado al suyo, el calor de su pecho filtrándose a través de la fina tela de mi camisón. El mundo se había reducido a esto: a la cocina a oscuras, a la luz tenue y fantasmal del refrigerador que pintaba sombras danzantes en su rostro angular, y a las palabras que acababa de pronunciar; palabras que resonaban en mi alma con la fuerza de una revelación, de un trueno lejano que finalmente sacude la tierra. El amor que sentía por él, un sentimiento que ya creía desbordante, inmanejable, creció entonces, expandiéndose por dentro como un río que se desborda, llenando cada rincón vacío, sanando cada herida antigua que ni yo sabía que todavía existía. Estaba enamorada. Tan profundamente, tan completamente, que me asustaba y me emocionaba a la vez, una dualidad aterradora y maravillosa.Debió de notar algo en
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