POV. AmeliaAdrian siguió besándome, y el mundo se redujo al contacto de sus labios sobre los míos. Era un beso lento, profundo, que sabía a chocolate. Luego, su boca comenzó un descenso lento y deliberado por mi mandíbula, hacia mi cuello. Cuando sus labios calientes y húmedos encontraron ese punto sensible justo debajo de mi oreja, un gemido escapó de mi garganta, un sonido bajo y primitivo que no pude controlar. Inmediatamente me llevé la mano a la boca, mis ojos abriéndose con el pánico de haber sido descubierta.Él se detuvo, levantando la cabeza para mirarme. En la tenue luz de la cocina, sus ojos azules eran oscuros, casi negros, llenos de una intensidad que me robó el aliento. Una sonrisa pícara se dibujó en sus labios.—Si no quieres que nos descubran, tendrás que guardar silencio, Amelia —murmuró, su voz un rugido bajo que vibró contra mi piel.Asentí, incapaz de hablar, mi corazón latiéndome con tanta fuerza que estaba segura de que él podía sentirlo. Él sonrió, como si mi
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