POV. AmeliaLa noche se cernió sobre la casa como un manto de seda pesada y reconfortante. El caos del día, todo parecía un mal sueño lejano, algo que le había pasado a otra persona en otra vida. La única realidad era el peso de los cuerpos pequeños a mi lado en la cama, el calor de Suzie, que se había acurrucado contra mi pecho con su peluche de unicornio, y la respiración profunda y regular de Thomas, que dormía a mi espalda, con una mano todavía extendida como si quisiera asegurarse de que estaba cerca.Me quedé allí, en la penumbra de la habitación, escuchándolos respirar. Cada inhalación era una promesa, cada exhalación una bendición. Los arropé hasta el cuello, mis dedos rozando sus cabellos suaves. Thomas, mi pequeño soldado, con su coraje feroz. Suzie, mi muñeca de porcelana, cuyo corazón bondadoso había sido amenazado por la misma maldad que había perseguido toda mi vida. Pero ahora estaban a salvo. Estaban aquí. Y mientras los veía dormir, sentía cómo la última cadena que me
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