~ Amalia ~ Mis pulmones ardían por el frío que sentía en este lugar. Cada paso que daba sobre el piso de madera crujía como una advertencia, no debería estar aquí.En mi mano, el peso de la pistola ya no se sentía extraño, ya se sentía familiar. — ¡Varga! — Grité, mi voz resonando entre las paredes del lugar. — ¡Sé que estás aquí! ¡Da la cara antes de que Marcus termine con todos tus hombres! Una risa áspera y seca bajó desde las pasarelas de arriba.Las luces de los focos se encendieron de golpe, cegándome por un instante, cuando mi vista se ajustó, lo vi. Dante estaba encadenado a una especie de barrote, de rodillas, con la cabeza agachada.Su camisa estaba empapada de sangre y su respiración era pesada.Varga estaba de pie detrás de él, sujetándolo del cabello para obligarlo a mirar hacia abajo, hacia mí. Tenía un cuchillo rozando la garganta de Dante. — Vaya, vaya... — Dijo Varga, su rostro iluminado por una luz amarillenta. — La abogada tiene agallas después de todo, Marco
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