~ Dante ~ A lo lejos, vi el resplandor de una linterna. Él no estaba corriendo, Marco Moretti no corría, él se retiraba con la arrogancia de un rey que cree que el suelo que pisa todavía le pertenece. — ¡Se acabó, padre! — Mi voz retumbó en las paredes del túnel, distorsionada por el eco. — No hay más túneles, no hay más mercenarios, y no queda nadie a quien comprar. Marco se detuvo. Apagó la linterna y el silencio que siguió fue absoluto, roto solo por el goteo constante de una tubería rota. Lentamente, se giró. La luz de la luna se filtraba por una rejilla superior, iluminando su rostro cansado pero todavía activo. No tenía un arma en la mano, solo su bastón de empuñadura de plata. — Siempre fuiste el más lento de mis hijos, Dante. — Dijo Marco, y su voz sonaba decepcionada, casi paternal. — Luciano era brillante, pero cobarde. Tú... Tú tienes el fuego, pero te falta la visión. Has destruido un imperio por una mujer que representa todo lo que nos odia. — He destruido una
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