~ Amalia ~
Nueva York no nos recibió con brazos abiertos, sino con el mismo cielo gris que parecía seguirnos desde las montañas. Habían pasado dos semanas aquellas en las que Dante había luchado contra una infección que casi le arrebata el brazo.
Dante estaba sentado en el gran sillón de cuero de la biblioteca, con el brazo aún con yeso y el rostro más afilado, pero con esa mirada de mando recuperada.
No era el mismo hombre que rescaté de las cadenas, era algo más peligroso, un líder que