Capítulo 34 —La cicatrizNarrador:El eco de ese “mamá” todavía vibraba en las paredes cuando el niño volvió a decirlo. Esta vez no sonó casual, ni perdido entre balbuceos. Sonó más claro, más decidido, casi feliz.—Mamá.Ahora, además, estiraba los brazos hacia Lucía.Lucía sintió que el corazón se le quería salir por la boca. Sus manos sudaban, las rodillas le temblaban, la garganta le ardía. No podía pensar. No podía ordenar ideas. Solo veía esos ojos enormes, tan parecidos a los de Rodrigo, fijos en ella, esperándola, reclamándola.Clarisa, en cambio, reaccionó como si le hubieran tirado ácido encima. Apretó al niño contra su pecho, girando el cuerpo para alejárselo a Lucía, intentando llevárselo al pasillo, a cualquier otra parte.—Vamos, mi amor, ya está, ya jugaste suficiente, ven conmigo —murmuró en tono dulce pero apurado.El niño se retorció en sus brazos.—¡Mamá! —repitió, esta vez con un quiebre en la voz que dolía —¡Mamá!Y empezó a llorar.No fue un llanto caprichoso. No
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