Capítulo 36 —Nuestro
Narrador:
Lucía no pudo más.
El semáforo cambió a verde y ella no avanzó. El coche seguía encendido, el motor vibraba suavemente, pero su cuerpo estaba completamente desconectado de la realidad. Tenía las manos agarradas al volante con tanta fuerza que le dolían los dedos. La respiración se le cortaba a intervalos irregulares, como si el aire ya no supiera entrar bien en sus pulmones.
La imagen del niño seguía ahí.
Sus ojos, su voz, ese “mamá” que le había atravesado el pech