CAPÍTULO 47 — El contraataqueNarrador:Clarisa no se asustó cuando supo que el rastro del dinero había sido seguido; Clarisa se enfureció.Porque una cosa era lidiar con sospechas vagas, con lágrimas en un sofá, con una Lucía confundida que volvía a casa buscando consuelo. Eso lo sabía manejar. Eso era su terreno: caricias falsas, palabras dulces, “hija, estás alterada”, “hija, descansa”, “hija, no te hagas ideas”.Pero el dinero… el dinero era otra cosa.El dinero no se calma con abrazos.El dinero deja huellas.Y, si alguien estaba siguiendo esas huellas, entonces alguien estaba demasiado cerca del niño. Demasiado cerca del secreto real. Demasiado cerca de la verdad que Clarisa había enterrado con medicamentos, con firmas, con silencios y con amenazas.Esa tarde, Clarisa caminó por la casa como un animal acorralado. No sabía quedarse quieta. Sus tacones sonaban contra el piso como un reloj a punto de explotar. Miró el celular cada minuto, esperando un mensaje, una confirmación, una
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