Capítulo 39 —¡Tu propia hija!
Narrador:
Mónica se quedó de pie en medio de la sala como si el piso hubiera empezado a moverse bajo sus pies. Tenía las manos heladas, la garganta cerrada, y aun así la rabia le subía desde el estómago con una violencia que no recordaba haber sentido en años. Clarisa, en cambio, se movía con una calma insolente, como si acabara de narrar la receta de una sopa y no el crimen emocional más grande que una madre podía cometer.
—Están todos locos… —dijo Mónica al fin, con la voz quebrada —Ustedes… ustedes están enfermos. ¿Cómo pudieron ocultar el nacimiento de un niño? ¿Cómo pudieron… robarle a Lucía algo así? ¿Cómo pudieron robarle a Rodrigo… ser padre? ¿Cómo me robaron a mí… un nieto? ¡¿Cómo?!
Clarisa la miró con cansancio, como si fuera Mónica la que no entendía lo obvio.
—No grites —dijo, seca —No sirve de nada.
Mónica dio un paso hacia ella, la mirada encendida.
—¡Claro que sirve! Sirve para que me escuches. Sirve para que sientas un poco de vergüenza. ¡S