El faraón murió, y con él murió la última noche de paz en el palacio.Ninguno de los presentes lo sabía aún, pero mientras la oscuridad previa al alba cubría Tebas, los destinos de todos —reyes, sirvientas, sacerdotes, traidores— comenzaban a converger como hilos tensos en un telar divino.Los gritos despertaron a la princesa Neferet antes incluso de que el sol insinuara su luz en el horizonte.Los sirvientes, que intentaban mantener la compostura ante el caos, luchaban en vano contra el pánico.En otro rincón del palacio, algunos nobles despertaban sobresaltados, temiendo que su oportunidad —o su ruina— hubiera llegado antes de tiempo.Amenhotep también
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