ISABELA—Vamos, Steph. Despierta.Me siento al lado de Estefanía, observando el lento subir y bajar de su pecho. Llevo horas aquí, esperando a que despierte, impidiéndome caminar de un lado a otro a fuerza de voluntad. Fuera de la puerta, Mario y sus hombres están apostados, prácticamente pegados a sus puestos.—Vamos, Steph. Ya has dormido bastante. Es hora de volver al mundo de los vivos. Tengo algo muy importante que decirte. Te voy a necesitar más que nunca. —Me acerco y le aparto un mechón de pelo de la cara, con la otra mano apoyada ligeramente en mi vientre—. Además, tienes una boda que organizar, ¿recuerdas? Podrás ser la novia ruborizada, como siempre has deseado. Claro, no es con un hombre al que ames de verdad, ¡pero aun así! ¡Una boda!Dios, no soy bueno en esto. La puerta se abre silenciosamente y me giro para ver a papá entrar.Se mueve con cuidado, intentando ser lo más silencioso posible. Parece rudo. Lleva uno de sus trajes, pero el nudo de la corbata parece un poco
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