Su pulgar presiona con más fuerza mi clítoris, frotando con pequeños círculos que irradian un calor intenso por todo mi cuerpo. Tiemblo, aferrándome a su brazo, mis caderas se mecen contra su mano. Estoy tan desesperada por liberarme que ni siquiera puedo pensar con claridad.
—Me voy a correr—, gimo. —Por favor, por favor, no pares—.
Cuando la ola finalmente rompe, me muerdo el labio para no gritar, mi cuerpo tiembla mientras me deshago bajo su mano. Se aparta un poco, con su sonrisa firme mientras me observa mientras intento recuperar el aliento.
—Y a ti te encanta. —Se inclina para darme un beso en la sien.
Debería discutir y decirle que está equivocado. Pero no lo hago.
Porque la verdad es que me tiene totalmente en la mira.
ALEXEI
Las puertas del ascensor se cierran y estamos uno encima del otro.
Isabella agarra mi camisa y me tira hacia abajo para darme un beso tan feroz que me toma por sorpresa.
La agarro por la cintura, apretándola más contra mí, dejándola sentir exactamente